Leyendas Matanceras

Del Pompón de agua exquisita...

Yo desde niño tuve mucha suerte, supe encontrarla cuando contemplaba el Valle de Yumurí. La vida me reagaló un manantial: el Pompón, de la Ciudad de Matanzas, con sus purísimas y frescas aguas que los vecinos utilizaban y donde los sinsontes y otros inquietos pajaritos matanceros, apagaban la molesta sed.

Y un desconocido poeta, allá por el año 1850, escribió un delicado y amoroso cantarcillo que se convirtió en una de las leyendas matanceras... Yo no quise incluirla junto con las otras porque pensé que todos los matanceros la conocían y que también sabian que el autor había usado la palabra ermita (entonces no existía en Monserrate) para rimar el verso que termina: con una matancerita.

Esto me obliga ahora a copiar el Cantarcillo del Pompón matancero . Dice así:

     Del Pompón de agua exquisita
     nueve días tú no bebas
     con una matancerita.
     Porque si del agua pruebas
     boda tú harás en la Ermita.

La India Dormida

El Pan de Matanzas es la mayor altura de la ciudad ; mide 389 m sobre el nivel del mar ; según cuentan este accidente geográfico tiene su surgimiento en una leyenda de nuestra provincia: La India Dormida.

Cuenta la leyenda que en el poblado amerindio de Yucayo, vivió una hermosa india llamada Baiguana. Era tal la belleza de la india que enloquecía a los hombres porque a todos buscaba y a todos se entregaba, por lo que fue obligada por el cacique a vivir lejos de la aldea. Pero todos los hombres iban hacia Baiguana y la pesca, la caza y los sembrados se perdían por falta de atención. El cacique Manguaní fue al río Jibacabuya, que era el más poderoso afluente del río Largo, para hablarle a la boca de agua del Dios Murciélago y pedirle consejo para resolver el asunto de la bella y ardiente Baiguana. Por orden del Dios, el cacique Manguaní llevó de regalo a la india un pescado mágico. Cuando Baiguana lo comió, se acostó a dormir frente a su bohío mirando a la luna y cuando el sol tiró sus flechas de sangre sobre la tierra, Baiguana se había hecho gigantesca y de piedra. Baiguana ya solamente era una montaña con forma de mujer dormida.

El Abra del Yumurí

Los personajes de esta leyenda son: la hija de un cacique de la región occidental y el hijo del cacique del Gran Camaguey. Cuentan que cuando nació la india Coalina, se hicieron grandes fiestas para celebrarlo y cuando más entusiasmados estaban llegó un anciano behíque, desconocido para todos y profetizó que cuando la niña creciera se convertiría en una bella india y al enamorarse ocurriría una catástrofe.

Para que no se cumpliera la profecía del behíque, cuando la bella Coalina creció, la llevaron a lo alto de una montaña en un bohío rodeado por viejas indias armadas con arcos y flechas para impedir el acercamiento de hombre alguno, evitando así ,que la joven india corriera el riesgo de enamorarse. La noticia del cautiverio de la bella india Coalina llegó al cacicazgo siboney del lejano Camagüey y despertó la curiosidad y el deseo de Nerey, heredero del mencionado cacicazgo, que decidió recorrer la distancia que lo separaba de la cautiva para conocerla. Después de mucho andar montañas, llanuras y ríos, llegó el joven y apuesto indio hasta el bohío que ocultaba a la princesa india y la vio toda adornada con flores, tan parecida a una virgen que inmediatamente se enamoró de ella. Tan bello fue el lenguaje de amor que el indio utilizó para hablarle a la joven, que la inocente india también se enamoró.

Pero a cada palabra de amor que se decían los enamorados, la montaña temblaba cada vez más fuerte. Las indias guardianas, atemorizadas corrieron montaña abajo gritando ¡Coalina se ha enamorado! La montaña tembló más fuertemente y Coalina asustada se refugió en los brazos del bravo Nerey. En ese momento la montaña se abrió en dos, arrastrando a los jóvenes y por el boquete se precipitó el río llevándose a los enamorados. Cuenta la leyenda, que en las noches de pleniluvio cuando el viento pasa por el abra se oye murmurar "Coalina y Nerey".

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