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Durante todo el siglo XVIII Matanzas fue la única ciudad con esa categoría, en la vasta extensión entre La Habana y Villa Clara, pero no pasó de ser una aldea. En el resto del actual territorio provincial existió una red de instituciones eclesiásticas que determinaron puntos poblados como Guamutas, Guamacaro, Macurijes, y Hanábana entre otros. 

En los finales del S. XVIII comenzará una bonanza económica por el incremento de la producción del café y el azúcar con destino al abastecimiento de los mercados europeos vacantes por la ruina de Haití. En estos años comienzan a destacarse familias acaudaladas, las cuales no solo serán las rectoras de la economía también se establecerán como pilares en el desarrollo socio-cultural. Entre ellas tenemos a los Alfonso, Aldama, Drake, Poey, Diago y más tarde Madan, Fernández, Frías, Ventosa y otros. Algunos de ellos obtuvieron pingües ganancias en el tráfico negrero, realizaron importantes inversiones en la industria azucarera, el comercio al por mayor y los servicios en la provincia, A pesar de su carácter absentista en su mayoría, levantaron edificios o contribuyeron con obras culturales de envergadura en la localidad.

La Plaza de Armas conocida como de la Vigía en la Ciudad de Matanzas fue el primer emplazamiento de este tipo en la futura provincia y debía convertirse en el centro político administrativo de toda la región. Ya en el tercio final del S. XVIII se hizo necesario localizar un nuevo espacio que tuviera las condiciones elementales establecidas en las Leyes de Indias. Hacia 1800 se comenzó a considerar la Plaza del Rey o Plaza Nueva como la Segunda Plaza de Armas, hacia cuyas inmediaciones se trasladaría la Casa de Gobierno. Poco a poco se fue conformando lo que hoy conocemos como Parque de la Libertad.

En 1818 se habilitó definitivamente el puerto de Matanzas para comerciar con todo el mundo y permitió el comienzo de una etapa de esplendor económico- social en el cual las comunicaciones jugaron un papel importante. Al sistema de diligencias Habana-Matanzas creado en 1818, se unió, al año siguiente, el de transporte marítimo regular mediante el barco de vapor Neptuno, el primero en España y sus dominios. Esto contribuyó al impulso general del territorio.

La industria azucarera fue asentándose decididamente sobre la base de la fuerza del trabajo esclavo y el uso de la tecnología más avanzada de la época en el sector fabril y en el del transporte. Nuevas ciudades se forjaron como expresión de este naciente poderío económico, de ellas, las más destacadas fueron San Juan de Dios de Cárdenas (1828) cuyo puerto fue habilitado en 1843 y Nueva Bermeja (Colón) en 1836. A estas, posteriormente, se unirían otros núcleos poblacionales importantes: Macurijes (Pedro Betancourt), Bemba (Jovellanos), Jagüey Grande y Artemisa (Perico).

El desarrollo del ferrocarril fue determinante en el auge económico. Matanzas fue la segunda región de la Isla en implantar este adelanto técnico. Debe tenerse en cuenta que Cuba fue el primer país latinoamericano en poseerlo, diez años antes que España.