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El surgimiento de la red ferroviaria permitió la comercialización de los productos en la generalidad de las zonas matanceras, a través de la salida por los puertos de Matanzas y Cárdenas. De esta forma se consolidó el régimen de plantación esclavista en todas las regiones, el cual alcanzó su cenit cuando las jurisdicciones de Matanzas, Cárdenas y Colón llegaron a producir, a mediados del siglo XIX, mas del 50 % de la totalidad del azúcar cubano.

Es interesante analizar la unión del pensamiento empresarial burgués con el empleo de la Ciencia y la Técnica en la industria azucarera matancera. En la zafra de 1817-1818, de las cuatro máquinas de vapor instaladas en Cuba, dos funcionaban en Matanzas: en la fábrica de Juan Madrazo y en la de Pedro Diago. Desde entonces trapiches, mazas, centrífugas y otras técnicas siempre fueron primicia en el territorio. Ejemplo del empleo de estos adelantos, lo encontramos, entre otros, en el San Juan Nepomuceno (Caobas, Limonar) de Pedro Diago y Las Cañas (Alacranes) de la familia Poey. En la década de 1850-1860 las jurisdicciones matanceras cuentan con la mayoría de los ingenios más grandes, modernos y productivos del país.

Sin embargo en el sector agrícola poco se hizo y estas innovaciones técnicas redundaron en una inhumana intensificación del trabajo de los siervos negros y chinos. La esclavitud resultó a la postre un freno al desarrollo económico matancero y de todo el país. La terrible explotación a que fueron sometidos los esclavos condujo, primero al cimarronaje y al apalancamiento y después, a las grandes sublevaciones, entre ellas las de mayor trascendencia en Cuba. El 5 de noviembre de 1843 estalló la del ingenio Triunvirato, la cual se extendió a fincas cercanas. El movimiento mostró un cierto grado de organización y fue sofocado cruelmente al costo de 56 esclavos muertos, 18 fusilados y 67 prisioneros. Muchos más lograron escapar y se refugiaron en la Ciénaga de Zapata. Un factor demostrativo del interés por los asuntos cubanos, desde aquella temprana época por parte de los Estados Unidos, fue su ofrecimiento del envío de tropas para sofocar el levantamiento.

La llamada Conspiración de La Escalera, inspirada en el interés inglés por la abolición, provocó una represión ilimitada por parte de las autoridades coloniales. En ella el Gobierno Español involucró a importantes personalidades blancas, como José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte. Mediante torturas aplicadas a los detenidos, se llevó un proceso judicial que culminó con decenas de muertos en los potros del suplicio, un centenar de condenados a muerte, 600 a presidio y 400 al destierro. El 28 de junio de 1844 fue fusilado el poeta mulato Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) y otros intelectuales y esclavos, acusados falsamente de encabezar la organización de la conspiración.