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La naturaleza ha dotado al actual territorio de la provincia de Matanzas con una belleza paradisíaca. Los matanceros con su acción han creado en el entorno valores económicos, arquitectónicos y sociales reconocidos en la matanceridad y hacen de la región una de las mayores contribuyentes a la formación de la identidad y la nacionalidad cubana.

Hay pruebas de la presencia del hombre primitivo que rebasan los 10 mil años de antigüedad, existiendo vestigios de ella en todos los rincones de la provincia. En 1510 los aborígenes asentados en torno a la rada yumurina, dirigidos por Guayucayex, cacique de la aldea de Yucayo, ejecutaron a un grupo de conquistadores, hecho que constituye la primera rebelión en Cuba contra los invasores ibéricos y dio el nombre a la bahía y a todo su entorno.

La importancia política y militar del sitio despertó las apetencias de varias naciones europeas. Para prevenir las intenciones de apoderarse de este enclave el rey de España Carlos II ordenó levantar una ciudad, lo cual se concretó el 12 de octubre de 1693 mediante la misa oficiada por el Obispo, Diego Evelino de Compostela, en la cual bendijo la primera piedra del futuro templo cristiano y la intervención del Gobernador Interino Severino de Manzaneda, el cual proclamó oficialmente la constitución de la nueva urbe española en Cuba que llevó por nombre San Carlos (por el Rey Carlos II) y San Severino (por el Gobernador Interino) de Matanzas. Esta denominación perpetuó, sin proponérselo, el acto primigenio de rebeldía de los aborígenes cubanos en contra del invasor español.

Al día siguiente se trasladó la importante comitiva a la “Punta Gorda” en la margen oeste de la bahía donde se bendijeron las obras del Castillo que allí se levantaba, singular vestigio actual del acontecimiento fundador. A esta fortaleza, se le unirían lustros mas tarde, El Morrillo y las ya desaparecidas San José de la Vigía y Peñas Altas.

En la creación de la Ciudad de Matanzas se manifiestan características que le proporcionan un carácter único en el panorama cubano. Es la primera urbe del país erigida bajo la voluntad estatal explicita en los documentos emitidos por el Rey de España y responde en su esencia a los principios político-militares de los siglos renacentistas y a la imperiosa necesidad de resguardar a la capital de un ataque enemigo por la retaguardia. Se levantó de manera organizada con los conceptos de la cuadrícula española, plasmada en un plano previo, ajustado a “regla y cordel”, con el ánimo real de considerarla ciudad y no villa, como sus predecesoras. Por la procedencia del núcleo fundamental de sus fundadores se le puede considerar como la ciudad primada de los oriundos de las Islas Canarias en América.

El proceso fundacional culminó cuando se le señaló por el Gobernador una amplia jurisdicción y el 8 de diciembre de 1694 quedó constituido el cabildo citadino con Diego Méndez de León Illada como alcalde de primer voto.